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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


El aprendiz de arquero



Hubo una vez un joven estudiante de arquero que alcanzó tal precisión en su tino que podía lanzarle una primer flecha a un árbol y luego partirla en dos en su siguiente lanzamiento. Entonces empezó a jactarse y a pensar que él ya era un mejor arquero que su maestro.

Un día, su maestro, un venerable anciano, le pidió a su joven estudiante que lo acompañara en un viaje a través de las colinas. El viaje transcurrió sin incidentes hasta que llegaron a un profundo abismo.

Un solo tronco atravesaba el abismo. El maestro caminó hacia el centro del tronco, descolgó su arco, sacó una flecha y disparó contra un árbol del otro lado. Su siguiente disparo partió la primer flecha en dos.

"Ahora es tu turno", le dijo, caminando de vuelta a donde se encontraba su alumno. El joven dio un paso hacia el abismo, y muy despacio y con mucho cuidado se dirigió hacia el centro del tronco que lo atravesaba. Pero sentía el palpitar del corazón en su boca. Sabía que si perdía el equilibrio caería hacia su muerte. Sus manos temblaban mientras le ponía una flecha a su arco. Preocupado por el peligro en que se encontraba, le resultaba difícil concentrarse en el objetivo. En consecuencia, cuando soltó la flecha, perdió por completo el equilibrio.

Desesperado, y pendiendo de una rama de la que estaba apenas agarrado, volteó hacia el maestro suplicando: "¡Ayúdeme! ¡Me voy a caer!"

El anciano se acercó a él, lo tomó la mano, tiró de él y después lo encaminó hasta llevarlo a terreno seguro. Ninguno de los dos dijo una palabra sobre el viaje a su regreso, pero el muchacho tenía mucho en qué pensar. Se había dado cuenta de que para ser un maestro en su arte, no era suficiente saber cómo controlar el arco, tenía también que aprender a controlar su mente.