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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


Más allá de lo aparente



En el monasterio se estaba efectuando un concurso y todos los monjes estaban ansiosos por hacerlo bien. Su maestro les había indicado un árbol muy especial que estaba en el bosque que rodeaba sus terrenos. Los monjes tenían que escribir una historia o un poema acerca de ese árbol. El ganador sería quien lo escribiera mejor.

Este árbol era realmente muy especial. Había iniciado la primavera y este gran árbol se encontraba en plena floración. La singularidad de sus retoños era que abarcaban todos los colores del arco iris. Había en rojo, amarillo, verde, azul, naranja, blanco... cualquier color que a uno se le pudiera ocurrir. Era sencillamente impresionante.

Durante los siguientes días, los monjes se acercaron a gozar de la compañía de este gran árbol. Cada uno con su libreta y un lápiz, deseosos de plasmar en palabras el impacto de la fascinante belleza de ese maravilloso árbol. Abundaban los poemas y las descripciones exaltadas. Sin embargo, un monje decidió tomar una perspectiva particular a este desafío. Él era un monje muy sensible cuyo nombre era Ragún.

Ante el asombro de los demás, Ragún iba a hacerle compañía al gran árbol temprano en las mañanas. De hecho, iba incluso antes del amanecer, cuando la tierra todavía estaba envuelta por la oscuridad de la noche. Lo que significaba que la radiante belleza en la variedad de sus colores no se podía contemplar.

"¡Qué ingenuo!" — concluían los demás. — "su descripción no va a captar la increíble belleza de este árbol, la inspiración sin duda va a carecer de falta de sensibilidad y pasión". Con ello los monjes sentían que al menos el gran monje Ragún iba a quedar eliminado de la competencia.

Finalmente llegó el día en que se iba a anunciar al ganador. Con ese propósito se congregaron todos los monjes en el gran salón. El maestro, con su estilo pausado, entró y tomó asiento. Miró a su alrededor hasta que encontró a su discípulo favorito, Ragún, y sonriendo dulcemente se inclinó ante él. Luego se levantó y salió del salón.

Los monjes, por supuesto, se quedaron inmediatamente pasmados al darse cuenta que una vez más Ragún había mostrado ser el más sabio. Pero, ¿qué es lo que había escrito?

Un monje, incapaz de contenerse, le preguntó al maestro: "Por favor, por lo menos díganos que fue lo que escribió el monje Ragún que hizo que ganara la competencia".

El gran maestro sonrió y les respondió: "¡Vayan y pregúntenle al árbol!"