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P S I C O L O G Í A     ●    F I L O S O F Í A     ●    E S P I R I T U A L I D A D
P A R A    D E S P E R T A R    L A    C O N C I E N C I A    Q U E    N O S    H A C E    H U M A N O S


El primer viaje de los monjes



Dos jóvenes monjes fueron enviados a visitar un monasterio cercano. Ambos vivían en su propio monasterio desde niños y nunca habían salido de él. Su mentor espiritual no cesaba de hacerles advertencias sobre los peligros del mundo exterior y lo cautos que debían ser durante el camino.

Especialmente insistía en lo peligrosas que eran las mujeres para unos monjes sin experiencia: "Si veis una mujer, apartaos rápidamente de ella. Todas son una tentación muy grande. No debéis acercaros a ellas y por nada del mundo se os ocurra tocarlas."

Ambos jóvenes aseguraron obedecer las advertencias recibidas, y con la excitación que supone una experiencia nueva se pusieron en marcha.

Pero a las pocas horas, a punto de vadear un río, escucharon una voz de mujer que se quejaba lastimosamente detrás de unos arbustos. Uno de ellos hizo ademán de acercarse.

"Ni se te ocurra --le atajó el otro-- ¿No te acuerdas de lo que nos dijo nuestro mentor?"

"Sí, me acuerdo, pero voy a ver si esa persona necesita ayuda" --contestó su compañero--.

Dicho esto, se dirigió hacia donde provenían los quejidos y vio a una mujer herida y desnuda.

"Por favor, socorredme, unos bandidos me han asaltado, robándome incluso las ropas. Yo sola no tengo fuerzas para cruzar el río y llegar hasta donde vive mi familia."

El muchacho, ante el estupor de su compañero, cogió a la mujer herida en brazos y, cruzando la corriente, la llevó hasta su casa situada cerca de la orilla.

Allí, los familiares atendieron a la asaltada y mostraron el mayor agradecimiento al monje, que poco después reemprendió el camino regresando junto a su compañero.

"¡Dios mío! No sólo has visto a esa mujer desnuda, sino que además la has tomado en brazos."

Así era recriminado una y otra vez por su acompañante. Pasaron las horas, y el otro no dejaba de recordarle lo sucedido.

"¡Has cogido a una mujer desnuda en brazos! ¡Has cogido a una mujer desnuda en brazos! ¡Vas a cargar con un gran pecado!"

El joven monje se paró delante de su compañero y le dijo: "Yo solté a la mujer al cruzar el río, pero tú todavía la llevas encima."