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La mente independiente (y/II)

por Gregory Mitchell

La ilusión de Normalidad
Los experimentos se llevaron a cabo por psicólogos de la Gestalt a principios del siglo pasado, en los que una persona ve a través de un mecanismo de espejos inclinados. Al principio, al participante todo le parecía inclinado, pero después de un período de normalización se produjo un efecto y la mente auto-corrigió la visión por lo que parecía normal. Cuando se le expuso a la situación real, ahora le parecía inclinado. El efecto de la normalización representa la desaparición de la influencia de la estructura del mundo exterior. En el mundo de los espejos, el marco del mundo objetivo normal no pudo sostenerse, y un nuevo marco tomó su lugar.

El sujeto sentía que debía ajustarse a la influencia del marco inclinado, aun cuando eso significaba no sólo la supresión de los sentimientos corporales (su sentido de la rectitud del cuerpo) al sentirse posteriormente inclinado cuando objetivamente estaba en posición vertical, pero negando el conflicto perceptual evidente cuando el marco no podía estar en posición vertical cuando no estaba alineado con su cuerpo. Esto no sólo indicaba una negación de su cuerpo como un estándar de referencia y una incapacidad para relacionarse con lo que podía ver delante de él, sino también una negación de las contradicciones de percepción. Estas son fuertes ilusiones e indican el potente efecto de los fenómenos de normalización.

Los que excluyeron el campo como recto en su posición inclinada, insistieron en que tenían razón en sus juicios, o que "cuanto más lo miro menos confío en mis juicios". Con continuos conflictos entre los determinantes visuales y posturales, el conflicto se resuelve en dirección a una mayor confianza en el marco visual. Por lo tanto, cuando una persona pierde uno de sus principales puntos de referencia –en psicología pueden ser personas importantes, o el puesto de trabajo, por ejemplo–, las señales exteriores se hacen más fuertes y se ignoran las señales internas en conflicto al determinar la realidad objetiva. Además, como las señales externas empiezan a saturar a la persona durante períodos más largos, las señales internas son cada vez menos útiles como base para juzgar la realidad. El campo circundante se acepta cada vez más como normal, a pesar de que aceptarlo conduce a un juicio inexacto del mundo y represente una visión inclinada y distorsionada.

Una persona dependiente del entorno en realidad tiene un campo visual mucho más estrecho, por lo que incluso en la vida cotidiana es ciega a ciertos puntos de referencia que existen en la periferia de su visión. Su visión es más literal y central. Esa persona al leer hace fijaciones muy estrechas y no puede leer más de una palabra a cada lado, o una línea por encima o por debajo del punto de fijación que está mirando. Se centran en un solo punto sin referencia del contexto total. Por supuesto, hay muchos campos más allá de la percepción, como los campos cognitivos y los entornos sociales.

Por analogía, podemos pensar en muchas situaciones de la vida cotidiana que enfrentan a una persona con este tipo de conflicto, entre sus propios sentimientos internos y la estimulación externa que le rodea. Parece que aunque una persona pueda en un primer momento resistir la intrusión del campo circundante, que puede ser bastante distorsionado, sin un punto de referencia o carente de soporte en la realidad objetiva, no se puede mantener por mucho tiempo. Un ejemplo evidente es la situación de privación sensorial. El mundo distorsionado tiende a enderezarse y se percibe como normal.

Podemos especular que en situaciones sociales el juicio de un individuo puede ser menos útil para hacer una evaluación verdadera de lo que es la realidad objetiva, al saturarla constantemente con un campo distorsionado que al mismo tiempo le limita el acceso a una evaluación independiente de la situación externa. Aunque al principio puede confiar en sus normas internas y juzgar la realidad social inducida a que está distorsionada y es falsa, en la práctica tenderá gradualmente a superar y aceptar la realidad distorsionada como algo normal y verdadero.

Estas observaciones derivadas del laboratorio perceptual también nos pueden ayudar a comprender fenómenos tales como la propaganda y el lavado de cerebro, y cómo insidiosamente inducen su efecto pernicioso en un período de tiempo, incluso en los individuos que en condiciones óptimas podrían demostrar buen juicio.

Parece que este es el modelo utilizado por algunos gobiernos y organizaciones, al envolver el entorno de sus pueblos con estímulos que se presentan como una realidad, mientras que al mismo tiempo limitan el acceso a otras fuentes de información. Al principio la gente puede resistir y protestar y ver la realidad que les ofrecen con recelo, pero poco a poco, pueden sucumbir ante el efecto de la normalización, a aceptar como verdadero, correcto y normal, lo que con anterioridad fue percibido como una distorsión.

Tanto la sugestionabilidad hipnótica y la vulnerabilidad a la influencia social no-hipnótica tienen una correlación positiva y significativa con la dependencia del entorno. La retórica y la realidad se pueden confundir incluso cuando hay una necesidad clara y definida para distinguir entre ellas. Una persona puede estar inmersa en una filosofía y un contexto que la impregna por un proceso de ósmosis, hasta que parece normal. El contexto por lo tanto ejerce un efecto hipnótico.

A menos que estemos muertos, todos somos individuos hasta cierto punto, pero cuando hemos logrado la individuación, somos dirigidos desde el interior e independientes del entorno, por lo que no nos veríamos obligados a ser conformistas. Solomon Asch reportó que la mayoría de los participantes en el experimento fueron dependientes del entorno y dirigidos por otros. Pueden, por supuesto, clasificarse como individuos, pero estaban muy lejos de estar individuados. Es posible que hayan tenido la libertad de expresar una menor individualidad dentro de una realidad limitada, pero no fueron capaces de expresar su individualidad en una realidad sin límites.

Cuando hemos logrado la individuación, podemos decir, metafóricamente, que nos encontramos en el mundo sin ser del mundo. Hay una brecha enorme entre ser un individuo de una manera limitada, a ser una persona que es capaz de escribir su propio guión.
Primera parte