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Metacognición

por Gregory Mitchel

Metacognición es pensar sobre el pensamiento, saber "lo que sabemos" y "lo que no sabemos". Así como el trabajo de un ejecutivo es la gestión de una organización, el trabajo de un pensador es la gestión de los pensamientos. Las estrategias metacognitivas básicas son:
  1. Relacionar nueva información con los conocimientos previos.
  2. Seleccionar deliberadamente estrategias de pensamiento.
  3. Planeación, seguimiento y evaluación de procesos de pensamiento.
Una "persona pensante" está a cargo de su propio comportamiento; determina cuando es necesario el uso de estrategias metacognitivas; supervisa, controla y juzga su pensamiento; averigua cómo y cuándo hacer una tarea concreta o un conjunto de tareas, y luego se asegura de que las tareas se realicen correctamente.

La metacognición implica pensar y razonar sobre los propios procesos mentales, tales como la memoria, percepción, cálculo, asociación, etc. La autorregulación metacognitiva resulta fundamental para la inteligencia. Casi todo el mundo con un coeficiente intelectual mayor a 90 cuenta con alguna capacidad para la metacognición, pero la Inteligencia Metacognitiva de una persona aumenta dramáticamente si es capaz de alcanzar las etapas Formales y Postformales del desarrollo mental. Entonces seguirá aumentando, al menos hasta la edad de 30 años.

Aprender a aprender, desarrollando un repertorio de procesos de pensamiento que puedan aplicarse para resolver problemas, es un objetivo fundamental de la educación. Cuando la vida nos presenta situaciones que no pueden resolverse con las respuestas aprendidas, se pone en juego la conducta metacognitiva. Las habilidades metacognitivas son necesarias cuando las respuestas habituales no tienen éxito.

Un tipo específico de comportamiento multitarea que juega un papel clave en la cognición humana se llama ramificación, y depende de la región frontal del cerebro, la corteza prefrontal anterior, una zona especialmente bien desarrollada en los seres humanos en comparación con otros primates y la zona del cerebro responsable de la metacognición. La ramificación consiste en mantener un objetivo en mente todo el tiempo (en la memoria de trabajo), mientras que a la vez se es capaz de cambiar el enfoque entre las tareas.

Tomemos, por ejemplo, el campo del estudio. Los alumnos principiantes no se detienen a evaluar su comprensión del material. Por lo general no examinan la calidad de su trabajo o dejan de hacer revisiones a medida que avanzan. Satisfechos con sólo rascar la superficie, los estudiantes novatos no tratan de examinar un problema en profundidad. No realizan conexiones o ven la relevancia del material en sus vidas. Los estudiantes expertos, por el contrario, aplican las habilidades metacognitivas. Son conscientes de la meta de sus estudios: lo que tienen intención de aprender. Al mismo tiempo que leen y comprenden el material, son conscientes de cuándo tienen que revisar si hay errores, la razón por la que no comprenden, y cómo es posible que necesiten redirigir sus esfuerzos. Se dan cuenta de que hay más por descubrir sobre el tema que lo que encuentran en las líneas escritas.

Las operaciones formales de pensamiento tienden a exagerar el poder de la lógica pura en la resolución de problemas y subestiman la calidad pragmática en la vida real de las situaciones sociales o interpersonales. El pensamiento formal es el mejor instrumento para resolver problemas bien definidos que requieren pensamiento científico y análisis lógico que implica una solución correcta única. Pone un mayor énfasis en la solución de problemas que en el análisis de situaciones y el consecuente descubrimiento de problemas.

Más allá del tradicional nivel de las Operaciones Formales del desarrollo intelectual (que consiste en la manipulación de símbolos, razonamiento, etc.), las personas pueden desarrollar la capacidad de razonar en situaciones más allá de una respuesta correcta o incorrecta (por ejemplo, las acciones morales) y tener en cuenta diferentes perspectivas. Mientras el pensamiento Formal percibe un sistema de complejidad organizada como cerrado, simplemente reducible a sus partes, el pensamiento Postformal es consciente de los aspectos abiertos de un sistema: el todo es más que la suma de sus partes.

Una vez que una persona ha alcanzado el nivel de las operaciones Postformales, se produce una integración de la emoción y la cognición. Las operaciones Postformales incluyen la evaluación de la pertinencia contextual de la información emocional en la toma de decisiones. Junto al aumento de la Inteligencia Metacognitiva que acompaña a las operaciones Postformales, hay una mayor capacidad para la introspección. La mayoría de las personas cuentan con alguna capacidad de introspección, de mirar hacia adentro y reflexionar sobre uno mismo y los propios pensamientos, pero esta capacidad se incrementa dramáticamente cuando un estudiante llega a las fases de las Operaciones Formales y Postformales.

En los últimos años, la evaluación de múltiples inteligencias de Gardner ha identificado (al menos) siete inteligencias específicas vinculadas a formas de aprendizaje, incluida la espacial, corporal-kinestésica, lógico-matemática y lingüística. La inteligencia social también ha sido identificada como un factor crítico en el desarrollo personal, dado que para tener éxito hay que ser capaz de relacionarse bien con otros, presentarse con claridad y autenticidad, y comunicarse con empatía. Un aspecto importante de la inteligencia social es la Inteligencia Emocional: la capacidad de percibir, comprender y regular las emociones en uno mismo y los demás.

La pregunta es, ¿cómo utilizan las personas estas diferentes inteligencias que pueden tener en diversos grados? Mientras que pueden funcionar según el caso o al azar, es posible desarrollar una especie de meta-inteligencia con la cual una persona norma y ayuda a dirigir cada capacidad específica con la que cuenta. La meta-inteligencia se refiere a la sensibilización, adaptabilidad, y la comparación relativa de los diferentes marcos mentales, modelos y tipos de comportamiento. Conseguir una meta-vista de las propias funciones mentales es resultado del desarrollo intelectual adulto. La fortaleza del ego y la madurez permiten una comprensión objetiva de la causa y el efecto que realza las inteligencias múltiples que no son estrictamente cognitivas.

La buena noticia es que el crecimiento metacognitivo continúa después de la edad de veinte años y desde luego continúa hasta al menos la edad de treinta años. La mala noticia, sin embargo, es que tiende a ser más Específica de Dominio durante la fase adulta del desarrollo. Esto se debe a que los procesos metacognitivos, a medida que se desarrollan, son cada vez más dependientes de la Memoria de Trabajo de Mediano Plazo y de conocimientos especializados. En resumen, un adulto tiene un nivel más alto de meta-inteligencia que un adolescente, pero tiende a ser en varios ámbitos específicos en lugar de en un Dominio General.

A un adulto rara vez se le presenta un problema completamente nuevo en el mundo real de la actividad académica o profesional. Por el contrario, los problemas que se le piden resolver a un adulto suelen estar delimitados en gran medida a su conocimiento y habilidades acumuladas. Para un adulto, el intelecto es mejor reconocido por la amplia gama de tareas que pueda lograr y las habilidades que haya desarrollado, en lugar de las tareas cognitivas abstractas que se suelen incluir en las pruebas de CI. Cada vez depende más de la inteligencia cristalizada, así que el contenido de la inteligencia es al menos tan importante como los procesos del intelecto para determinar la eficiencia para resolver problemas en el mundo real de un adulto.